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Xavier Zubiri y la realidad de Dios

A modo de evaluación general, la filosofía de Zubiri representa un intento genial de desustanciación, en sentido clásico, de la conciencia, el ser, el espacio y el tiempo. En particular, alcanza sus cotas más agudas con su concepción de la inteligencia sentiente y del poder de lo real (teoría de Dios) que es la culminación de su metafísica entera

“Tenemos la sensación misteriosa del lazo viviente que nos une al mundo celeste; las raíces de nuestros sentimientos y de nuestras ideas no están aquí, sino en otra parte”

Fedor Dostoievski (Los hermanos Karamazov)

Xavier Zubiri (1898-1983) fue un filósofo español nacido en San Sebastián. Discípulo de Ortega y Gasset y Heidegger, se doctoró en filosofía y teología y estudió física, matemáticas, antropología, historia de las religiones, entre otras disciplinas, completando una sólida formación multidisciplinaria.

Para un lector promedio, e incluso para uno habituado a enfrentarse con los grandes filósofos del pasado, los libros de Zubiri pueden resultar de una aridez y complejidad extrema. Su estilo esintrincado y sin concesiones a la gracia literaria.

A modo de evaluación general, la filosofía de Zubiri representa un intento genial de desustanciación, en sentido clásico, de la conciencia, el ser, el espacio y el tiempo. En particular, alcanza sus cotas más agudas con su concepción de la inteligencia sentiente y del poder de lo real (teoría de Dios) que es la culminación de su metafísica entera.

TEORIA DE LA REALIDAD

La estructura factual de la realidad

Por contraposición con el idealismo, cuya concepción primaria es que la subjetividad humana afecta la objetividad de la realidad, existen dos posiciones clásicas sobre el realismo filosófico, cuya premisa básica es la existencia objetiva de un mundo externo: el realismo ingenuo y el realismo crítico. El realismo ingenuo sostiene que el hombre percibe la realidad objetiva tal como es, sin necesidad de ulteriores interpretaciones. En cambio, según el realismo crítico no es posible equiparar lo percibido con la realidad objetiva y su conocimiento requiere otros análisis. Frente a ambas posiciones, Zubiri postulará su doctrina de la inteligencia sentiente para acceder a la realidad, cuyo análisis se aleja del realismo ingenuo y del crítico, y postula una visión innovadora: el reísmo.

En su análisis de la realidad, Zubiri adopta un enfoque basado en la teoría moderna de los sistemas holísticos, donde el todo es anterior a las partes y los elementos que dan forma a la realidad (Zubiri los denomina notas) se codeterminan mutuamente en un sistema factual o autosuficiente.

Escribe Zubiri: “las cosas reales tienen multitud de notas, y esta multitud forma una unidad. Pero esta unidad no es aditiva: la cosa no es verde, más pesada, más caliente, etc., sino que es una unidad intrínseca. Es lo que llamamos sistema”.

Zubiri define en que consiste esa unidad sistemática. “Toda nota es en la cosa una “nota-de”. ¿De qué? De todas las demás. La glucosa tiene una realidad propia, pero en cuanto está en mi organismo es “glucosa-de” este sistema que llamamos organismo”. Y agrega: “la realidad última y primaria de una cosa es ser un sistema de notas“ (El hombre y Dios, HD, 20). Zubiri sostendrá en toda su obra que el sistema es una unidad física o real y no una articulación de conceptos.

A este sistema de notas Zubiri lo denomina sustantividad. Para Zubiri, la sustantividad se define por las notas que denomina constitutivas y que constituyen su esencia. “La esencia es el sistema de notas necesarias y suficientes para que una realidad sustantiva tenga sus demás notas constitucionales e incluso las adventicias” (HD, 22).

Habiendo Zubiri precisado su concepción de las notas esenciales, se ve enfrentado a analizar su origen. Para ello, introduce un nuevo concepto: la condición metafísica delo real, que es “el carácter que posee intrínsecamente la realidad de algo en su manera de ser real respecto de eso que llamamos su fundamento”.

“Si intentamos referir las notas esenciales a un presunto fundamento suyo, resulta que dichas notas no nos remiten a nada distinto de ellas mismas, sino que, por el contrario, nos “repliegan” sobre sí mismas”: son simplemente absolutas (Sobre la esencia, SE, 211). Absoluto significa aquí autosuficiencia en el orden de la constitución de un sistema sustantivo.

La condición metafísica de las notas esenciales es ser absolutas. A esa condición metafísica, Zubiri la denomina “factual”. Lo “factual” no es necesario ni contingente, no está fundado en nada, es hecho absoluto, puro factum. De este modo, Zubiri postula en su libro Sobre la esencia una filosofía intramundana, cuyo análisis de la realidad no requiere que se postule ningún tipo de fundamento. En otras palabras, en esta etapa de la indagación filosófica es posible estudiar la realidad prescindiendo de cuál sea su fundamento. Zubiri aclara permanentemente que habla de esencias ¨físicas¨ o reales y no conceptivas.

Sin embargo, esta filosofía intramundana no será suficiente en el momento en que el hombre enfrente la realidad para desarrollar su vida: entonces deberá plantearse su carácter problemático y enigmático, lo cual lo obligará a descubrir su fundamento.

Intelección sentiente

Del mismo modo que su teoría de la realidad deja atrás la disyuntiva clásica entre realismo e idealismo, en una verdadera revolución copernicana la filosofía de Zubiri supera el dualismo gnoseológico, marcado por la separación entre las sensaciones y el intelecto. Taxativamente dice Zubiri: “pienso que en el hombre sentir y inteligir no son dos actos, cada uno completo en su orden, sino que son dos momentos de un solo acto, de una impresión una y única, de la impresión de realidad” (Inteligencia sentiente, IS, 81). Esta impresión de realidad es producto de la inteligencia sentiente que caracteriza al hombre.

El hombre, merced a la intelección sentiente, posee la facultad de aprehender en un solo acto cognitivo una mesa marrón específica, “tal” cual es (orden talitativo), pero a la par, aprehende la realidad, que es un “más” inespecífico (orden trascendental), vehiculado por esa mesa. Este acto cognitivo único es la aprehensión de realidad, facultad primordial de la intelección sentiente.

La realidad se presenta en la aprehensión de las cosas como un momento que excede de su mero contenido talitativo. Esta realidad es un “más” pero no es “más” por encima de las cosas, sino un “más” en ellas mismas. Por esto, dice Zubiri, al estar con “esta” cosa real, donde estoy es “en” la realidad” (IS, 115). Siempre que aprehendemos una mesa marrón, aprehendemos los contenidos concretos o específicos de la mesa, que constituye el orden talitativo, y el orden inespecífico de la realidad, que constituye el orden trascendental.

De este modo, la teoría de la realidad y su aprehensión mediante la intelección sentiente conforman un cuerpo filosófico coherente e innovador: el reísmo.

TEORIA DE DIOS

El poder de lo real

Vimos que la realidad de lo real es “más” que sus contenidos concretos. Este “más” significa que la realidad que está en toda cosa real, domina sobre los contenidos.

“Realidad es “más” que las cosas reales, pero es “más” en ellas mismas. Y justo esto es dominar: ser “más” pero en la cosa misma; la realidad como realidad es dominante en cada cosa”. “Pues bien, este dominio es lo que debe llamarse poder” (HD, 87).

El momento de realidad domina sobre el contenido concreto de las cosas, tiene poder.Completa Zubiri la idea: “El poder se apodera de aquello sobre lo que domina. Dominancia es apoderamiento. El poder de lo real se apodera de mí. Y gracias a este apoderamiento es como me hago persona” (HD, 88).

Para Zubiri, el poder de lo real tiene tres características básicas.

En primer lugar, la persona hace su vida con aquello en qué está. Y el hombre está entre y con cosas pero donde está es en la realidad. En efecto, el carácter de realidad es aquello en que el hombre últimamente está. La realidad es algo último en las acciones del hombre; último no tan sólo respecto de las cosas mismas, sino de las acciones de mi persona. Es el apoyo último de todas ellas. “La realidad apoya al hombre como algo último: es la ultimidad de lo real” (HD, 82).

En segundo lugar, el hombre forja sus proyectos de vida y en la más modesta de las decisiones debe adoptar una forma determinada de realidad entre muchas posibilidades. Las posibilidades son formas efectivas de la realidad; por tanto, la realidad tiene un carácter especial: constituye la posibilidad de las posibilidades. De ahí, concluye Zubiri, que el momento de realidad tenga un carácter posibilitante: toda posibilidad se funda en la realidad como posibilitante. El hombre no sólo está “en” la realidad sino que hace su ser “desde” ella. La realidad no es sólo última sino que además es posibilitante.

En tercer lugar, la realidad tiene a su vez otro preciso carácter: es un apoyo impelente. Al desarrollar sus acciones, el hombre no solamente tiene distintas posibilidades sino que no tiene más remedio que elegir una.Es inexorable que el hombre lo haga, sostiene Zubiri. Tiene que realizarse, y realizarse por una imposición de la realidad misma. La realidad es impelente. El hombre no sólo vive “en” la realidad y “desde” la realidad, sino que el hombre vive también “por” la realidad.La realidad no es sólo última y posibilitante, es también impelente.

“La unidad intrínseca y formal entre estos tres caracteres de ultimidad (en), posibilitación (desde), e impelencia (por) es lo que yo llamo la fundamentalidad de lo real” (HD, 84). La realidad tiene este carácter fundamental y funda el ser personal del hombre.

La religación

El apoderamiento por el poder de lo real implanta al hombre en la realidad. La relación del hombre con el poder de lo real forma parte de su estructura constitutiva. A esta relación esencial Zubiri la denomina religación. No estamos simplemente vinculados a las cosas; estamos constitutivamente religados al poder de lo real. La religación no es una relación externa sino que afecta a toda la persona humana y es, por tanto, un hecho totalizador y además constatable. Una vez más, nuestro pensador recalca que sus ideas son análisis de hechos físicos y no meras teorías sin fundamento in re. En la religación el hombre se encuentra religado a la realidad en su poder.

Resumiendo: las cosas vehiculan la realidad; el hombre está implantado en la realidad; la realidad es un “más” que domina sobre las cosas y también sobre el hombre; el hombre está religado a la realidad; la realidad ejerce sobre el hombre su poder; el poder de lo real se apodera del hombre; gracias a ese apoderamiento el hombre se hace persona.

Religado al poder de lo real como último, posibilitante e impelente, el hombre se halla físicamente determinado por ese poder. La realidad y su poder es lo que me hace ser persona.

Se podrá objetar que la evidencia del poder de lo real es menos inmediata que la aprehensión de la realidad externa; ¿qué clase de garantías puede usted exhibir sobre la evidencia del poder de lo real? Respondo: ¿no es acaso cierto que nuestra vida se encuentra fundada en la realidad, que ésta es fuente de todas sus posibilidades y que un arcano impulso nos compele a mantenernos vivos, proyectados hacia el futuro y hacia nuestra realización personal? ¿de dónde proviene esa fuerza? Del poder de lo real. Negar el poder de lo real sería equivalente a negar la vida.

La bella expresión de Dostoievski avala esta concepción del poder de lo real: un lazo misterioso nos ata a las raíces de la vida.

La realidad de Dios

Sobre estas bases, Zubiri continúa con el análisis de la realidad de Dios.

“La persona humana se realiza como persona apoyada en el poder de lo real. Sólo en y por este apoyo puede la persona vivir y ser: es el fenómeno de la religación” (HD, 128).

Zubiri insiste que la religación no es una mera relación con la realidad sino el fundamento de mi vida personal. El hombre vive la experiencia, la probación física, de la religación al poder de lo real. “Pues bien, esta experiencia es la que dibuja el perfil de la idea misma de Dios”. Zubiri afirma que “Dios tiene que ser el fundamento del poder de lo real. Por tanto, es eo ipso un fundamento último, posibilitante e impelente” (HD, 130). ¿Cómo sostiene Zubiri esta afirmación fundamental de su pensamiento?

La realidad de un cosa posee un contenido tal y un más que se expresa en esa misma cosa como orden trascendental de la realidad. Según Zubiri, esta imbricación estructural de lo talitativo y lo trascendental es lo que formalmente llama “enigma” de la realidad”. La realidad tiene un carácter enigmático y al estar religados a ella por el poder de lo real, éste también participa de ese carácter enigmático.

Zubiri da un paso más y afirma que existe otra realidad en que se funda “la” realidad: esa realidad es Dios. Aunque aclara que no se trata de un Dios cristiano o de religión alguna. “A ese poder último, posibilitante, impelente, le llamo deidad. Deidad no es Dios (El problema filosófico de la historia de las religiones, PFHR, 43).

“El acto personal de religación es pura y simplemente la experiencia de la deidad. Repito una vez más: no se trata aquí de Dios, sino simplemente de la deidad. Tampoco se trata de una religión positiva. Es, si se quiere, la religiosidad, lo religioso en cuanto tal” (PFHR, 53). Y agrega que la religiosidad no es algo que se tiene o no se tiene, “sino que es algo que constitutiva y formalmente pertenece a la estructura de la realidad personal del Yo sustantivo del hombre en cuanto tal”. Completa la idea diciendo que esta religación no es una religión positiva, pero que sin ella no habría ninguna religión positiva.

En consecuencia, contra Heidegger, Zubiri sostiene que la existencia humana no está “arrojada” en el mundo, sino que se encuentra “religada” al fundamento de la realidad. Zubiri rechaza las pruebas tradicionales de la existencia de Dios que ha postulado la filosofía y presenta la suya: la deidad. “Este poder de lo real que religadamente nos hace ser, es el poder de “la” realidad en todas las cosas reales” (HD, 195). Este poder se haya fundado en que Dios (la deidad) está presente formalmente en ellas sin ser idéntico a ellas, es decir, se halla fundado en un Dios trascendente “en” las cosas. Contra toda suposición de panteísmo: “Dios está en las cosas, pero sin ser ellas mismas: es lo que yo entiendo por trascendencia de Dios” (HD, 189).

Para Zubiri, no se accede a Dios, entendido como deidad, por medio de pruebas o argumentos racionales, en las que se extenuó la filosofía, sino a través de la experiencia de la realidad, que se presenta como un enigma a ser descifrado.

Es la realidad la que provoca en el hombre la experiencia de religación, es decir, la necesidad de relacionarse con ella y encontrar sentido a su existencia. Pero, a su vez, la "deidad" en Zubiri es el fundamento de la realidad, que en su dimensión última y enigmática se manifiesta a la persona y la impulsa a vivir, buscando un sentido a su existencia.

A partir de esta evidencia sobre la deidad como fundamento de las realidad, Zubiri desarrollará una compleja obra para llegar al acceso al Dios del cristianismo.

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