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Preguntas incómodas para mis amigos liberales

Cabe entonces una pregunta incómoda final. ¿Preferirían mis amigos liberales que Milei no haya existido? Y no me digan que les hubiera gustado un Milei con otras características más republicanas, etc. porque esa opinión es un escapismo. Milei es quien es

La aparición de Milei fue un cisne negro para la clase política, inesperado y disruptivo. Su aparición provocó un terremoto, cuyas réplicas están muy lejos de haber terminado.

La sensación de estar ante lo desconocido, o por lo menos, absolutamente sorpresivo, se multiplicó con su llegada a la presidencia. Pese al 56% de los votos obtenidos y al reconocimiento de que el país necesitaba un cambio urgente e impostergable, muchos de mis amigos liberales, y economistas, periodistas y empresarios, pronto se sintieron incómodos por el estilo agresivo de Milei y por algunas de sus iniciativas. Aun cuando compartían la orientación general de sus reformas y eran fuertemente críticos de los años kirchneristas, rápidamente acusaron a Milei de no buscar consensos o de no respetar principios republicanos, y se sintieron sumamente molestos por sus ataques al periodismo, sus críticas a economistas independientes, su encendida verborragia contra empresarios e incluso su posición agresiva frente al PRO, pese al apoyo sin retaceos que le había brindado Macri. En un punto todos coincidían: Milei no respetaba los valores del liberalismo y en muchas de sus actitudes decían ver reflejados los rasgos autoritarios del kirchnerismo.

De este modo, para quienes siempre hemos sido liberales, el dilema se planteaba, y se plantea, entre defender el programa reformista de Milei, más allá de objeciones a acciones de su gobierno y a su discurso contestario, partiendo de la premisa que el todo es más importante que las partes, o sumarse a las críticas de quienes priorizaban sus creencias republicanas, para sintetizar en esta expresión aquello que ellos entendían no era respetado por Milei, aun a riesgo de debilitar su capacidad para impulsar reformas.

Tomando en cuenta esas dos posiciones dentro del grupo no populista, esta nota le plantea a quienes critican a Milei una serie de preguntas incómodas relacionadas con las objeciones principales que le han hecho. Anotaré el punto criticado y a continuación las preguntas, cuya respuesta queda abierta a los lectores.

1.Su discurso económico libertario y su crítica a la agenda woke, alarmó a los liberales. ¿Se trataba de un programa real de gobierno o de una posición ideológica para el debate doctrinario pero con nulas posibilidades de ser aplicado? ¿Importan, como siempre, los hechos más que las palabras?

2.Sus ataques y agravios, que se extendieron de la casta política, el blanco inicial, a figuras del periodismo, economistas, empresarios e incluso aliados políticos, impidiendo la búsqueda de consensos para políticas a largo plazo. ¿Era una estrategia para consolidar el poder de un gobierno que nació muy débil para acometer reformas inéditas? ¿Se trataba de aplicar el principio de revelación, cuyo fin era exponer los intereses que ocultaban muchas de esas críticas?

3.Su estricta defensa del superávit fiscal y financiero para frenar la inflación, sacrificando la reactivación del consumo, con el costo consiguiente para vastos sectores de la población. ¿Existía una política gradualista alternativa al shock fiscal para atacar el flagelo crónico de la inflación? Todavía hoy, ¿es posible relajar la política fiscal para alentar un crecimiento del consumo? ¿Se puede liberar el cepo a las empresas cuando todavía existen una elevadísima deuda pública en pesos y dividendos retenidos, problemas heredados del desgobierno de Alberto Fernández?

4.Su alineación automática con Trump. ¿Dejó el gobierno de considerar a China un mercado fundamental para nuestros productos? ¿Aliarse a la primera potencia mundial traerá más perjuicios que beneficios? ¿Apoyan un tratado comercial con EE.UU, que nunca antes se intentó?

5.Su veto de la ley de financiamiento universitario. ¿Era correcta la intención de practicar auditorías sobre el uso del presupuesto que hacen las universidades públicas sin rendir cuentas? ¿Se preocupan por asignar mejor los fondos y por los bajísimos índices de graduados, derivados del acceso masivo de estudiantes sin examen de ingreso y de políticas que les facilitan mantenerse años y años en los claustros?

6.La ley de modernización laboral. ¿Es un paso adelante o un paso atrás? ¿Es justa la crítica de algunos liberales porque mantiene el aporte solidario a sindicatos y asociaciones empresarias? ¿O el árbol no deje ver el bosque? ¿Esperaban mis amigos liberales que se pudiera aprobar una reforma aún más profunda, la primera desde 1975, frente al poder combinado de peronistas y la CGT?

7.Su énfasis en mejorar la seguridad. ¿Están de acuerdo con la consigna “el que las hace las paga”, que modifica la posición kirchnerista a favor de los victimarios y su complacencia con el narcotráfico? ¿Es razonable criticar la baja de la edad de imputabilidad porque el sistema carcelario no garantiza la reinserción de los menores que delinquen? ¿Qué se debería hacer mientras el sistema mejora? ¿Dejarlos libres y que continúen terminando con la vida de inocentes?

Existen más puntos que han sido criticados pero haría excesiva la extensión de la nota.

Reitero que siempre he defendido el ideario liberal y lo sigo haciendo. Estas preguntas incómodas no pretenden ser un balance del gobierno de Milei sino apenas un estímulo para que cada liberal se las plantee, como yo me las planteo, y concluya si el mejor mundo es un ideal en cuyo seno se debe sacrificar el mundo posible. La realidad argentina de las últimas décadas es un canto al fracaso pero, peor aún, es una complicadísima, desalentadora e intrincada maraña de intereses sectoriales que se ha sobrepuesto a todos los intentos de desatarla.

Quizá por vivir experiencias tan negativas, no deja de llamarme la atención que quienes toda su vida fueron muy críticos del populismo peronista, sean tan agresivos con el único gobierno que está teniendo éxito en enfrentarlo y derrotarlo.

Cabe entonces una pregunta incómoda final.

¿Preferirían mis amigos liberales que Milei no haya existido? Y no me digan que les hubiera gustado un Milei con otras características más republicanas, etc. porque esa opinión es un escapismo. Milei es quien es.

Los unitarios porteños que odiaban a Rosas en poco tiempo se pusieron en contra de Urquiza luego de su anhelada victoria en la batalla de Caseros: apenas Alberdi y un puñado de lúcidos hombres del interior de la patria lo apoyaron. Urquiza se sobrepuso a esa férrea oposición de liberales con preguntas incómodas, hizo sancionar la Constitución de 1853 y sentó las bases de la progresista Argentina de las décadas posteriores.

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