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El poder territorial del peronismo

La Prensa Cambiemos logró un predomino territorial en las PASO equivalente al de Alfonsín en 1985. Pero posteriormente el peronismo retornó victorioso. Es por esto que muchos analistas vaticinan que logrará recuperar su hegemonía. Y la historia se repetirá indefectiblemente

En el poder territorial reside una razón principal de la permanencia del peronismo como fuerza hegemónica en tiempos de democracia. Este poder se ha expresado en dos ámbitos principales: los gobernadores de provincia y los intendentes del Gran Buenos Aires. En la jerga política, la liga de gobernadores y los barones del conurbano son causa eminente de su predominio. Por este motivo, observar la evolución de ese poder resulta indicativo de la relación actual de fuerzas entre el peronismo y Cambiemos y de su proyección futura. Lo que está en juego es el poder tradicional del peronismo asentado en el manejo de las principales estructuras territoriales del país.

En el cuadro se muestran los resultados electorales en fechas clave desde la restauración de la democracia:

1983: el gran triunfo de Alfonsín.

1987, segunda elección de medio término con la derrota del radicalismo en la elección de gobernadores e intendentes.

1995, reelección triunfalista de Menem.

1999, el gran triunfo de la Alianza.

2011, el gran triunfo de Cristina Kirchner.

2015, triunfo de Cambiemos.

2017, elección de medio término. PASO legislativas con el triunfo de Cambiemos.

Se indican los gobernadores (agrupados en tres segnentos según su población) e intendentes no peronistas en cada fecha y un total por categoría.

A simple vista se observan resultados parejos de las fuerzas no peronistas en 1983, 1999 y 2015. Sin embargo, en las elecciones presidenciales de 1983 y 1999 no hubo ballotage por las cifras alcanzadas por Alfonsín y De la Rúa, a diferencia del triunfo de Macri que fue mucho más ajustado. A pesar de eso, en los territorios analizados Cambiemos obtuvo una resonante victoria en la provincia de Bs As y en varias intendencias del conurbano. Esta tendencia se acentuó en las recientes PASO legislativas, que marcaron el triunfo de Cambiemosen 10 provincias y en 10 intendencias, quedando a menos de un punto en Buenos Aires y Santa Fe, un resultado que podría ser revertido en octubre. Si esto se produjera, sería la primera vez que una fuerza política se impone en los cinco distritos electorales más grandes del país.

También representa una novedad que una fuerza no peronista triunfe en las elecciones de medio término. Lo había logrado Alfonsín en 1985 pero fue derrotado en 1987. Al igual que De la Rúa en el 2001. Por su parte, Menem triunfó en 1993 pero experimentó una dura derrota en 1997. Mientras que el Frente para la Victoria triunfó en 2005 pero fue derrotado en 2009. Fue la primera minoría en las elecciones intermedias de 2013 pero sufrió una dura derrota en la provincia de Buenos Aires. En resumen, sólo en 1985 (apogeo de Alfonsín), 1993 (apogeo de Menem) y 2005 (apogeo de Néstor Kirchner) los oficialismos resultaron ganadores en elecciones de medio término.

Estos antecedentes marcan que Cambiemos está confirmando un predomino territorial en las elecciones de medio término equivalente al de Alfonsín en 1985. Y al incial de la Alianza en 1999. Posteriormente, ambos predominios se esfumaron y el peronismo retornó victorioso. Es por esto que muchos analistas vaticinan que el peronismo tarde o temprano se reagrupará y logrará recuperar su hegemonía. Según esta visión, la historia se repetirá indefectiblemente.

Sin embargo, existen matices muy importantes que no se pueden soslayar. En primer lugar, en 1985, 1993 y 2005 la economía florecía y fue un factor decisivo, algo que no se verificóen las recientes PASO. Se puede interpretar que con una mejora económica, los resultados futuros de Cambiemos tenderán a mejorar. En segundo lugar, la nueva ley que impide la reelección indefinida de los intendentes en la provincia de Bs As introduce un factor competitivo inédito que deberán enfrentar los caciques históricos del peronismo en el conurbano, contribuyendo a la atomización de su poder. En tercer lugar, la pérdida del manejo del Estado nacional y de numerosas provincias, incluyendo la de Bs As, e intendencias, implica la imposibilidad de usufructuar de sus recursos económicos, obligando al peronismo a luchar desde el llano como nunca lo ha hecho. Si Macri lograra su reelección en 2019, seguramente provocaría la deserción de numerosos dirigentes oportunistas no dispuestos a vivir en el destierro del poder político. En cuarto lugar, los juicos por corrupción avanzarán en el 2018 y desprestigiarán aún más a los dirigentes kirchneristas y a muchos peronistas que acompañaron a los Kirchner y ahora intentarán olvidar ese pasado. En quinto lugar, el poder sindical, columna vertebral del peronismo, buscará acordar políticas de Estado con el gobierno para no verse obligado a una confrontación en la que por primera vez en décadas tiene serias chances de perder la pulseada por razones que exceden el espacio de esta nota.

La capacidad de gobernar del presidente Macri se ha fortalecido a la par que se ha debilitado el poder de fuego del peronismo. De este modo, se inicia una trayectoria histórica cuya consolidación se sustenta en la pretensión colectiva de la sociedad argentina de dejar atrás la hegemonía del populismo peronista y reemplazarla por una coalición que honestamente busca el progreso y la equidad social sobre bases económicas y sociales que han sido probadas en las naciones exitosas.

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