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El aporte impensado del kirchnerismo

La Nación A costa de un inmenso sacrificio de expectativas frustradas, el gobierno ha sometido al pueblo argentino a un cruel experimento de engaños, manipulaciones y falsas promesas que evidencian que no hacer

El tercer mandato del kirchnerismo está en pleno desarrollo y aún restan dos años para que la presidenta Cristina Kirchner complete su mandato. Aun así, habiendo cumplido diez años de gobierno, es posible ensayar un análisis de las consecuencias que dejará su paso por el poder en la sociedad argentina. Quienes son críticos del accionar del kirchnerismo enumeran todos los problemas políticos, económicos, sociales y de valores que ha causado y que comienzan a ser trágicamente palpables en los graves sucesos que marcaron y marcan este último mes del año. Es cierto y no debe disimularse: el kirchnerismo ha logrado dejarnos a las puertas de una profunda crisis a pesar de haber contado con recursos excepcionales que en otros países de la región efectivamente han producido una década ganada y no un relato perdido.

Sin embargo, debe rescatarse un aporte positivo del desmadre populista que hemos vivido y que seguramente no formaba parte de los planes de los políticos e intelectuales que se sumaron rápidamente a las arcas kirchneristas y ahora no se sabe cuánto tiempo persistirán en su lealtad cuando las consecuencias del mal gobierno finalmente lleguen: el kirchnerismo le ha enseñado a la sociedad argentina buena parte de lo que no se debe hacer. A costa de un inmenso sacrificio de expectativas frustradas e ilusiones incumplidas, el actual gobierno ha sometido al pueblo argentino a un cruel experimento sin anestesia de engaños, manipulaciones y falsas promesas que de pronto quedan en evidencia ante millones de compatriotas. No es que el rey estaba desnudo y no se daba cuenta: era la sociedad la que lo creía vestido de gala y ahora lo observa despojado, exhibido en su pobreza de resultados, de ideas y de porvenir.

¿Qué aportes ha hecho el kirchnerismo a favor de erradicar políticas absurdamente equivocadas y que serán su impensado servicio para las próximas décadas?

Uno primero y destacado radica en no combatir la inflación: parte de negarla y de creer incluso que puede ser positiva, y ha sido consecuente con esa premisa negadora del azote inflacionario hasta que su propia dinámica lleva a una conclusión fatídica: empobrece y destruye el tejido social. Gracias al kirchnerismo, la población internaliza que la inflación es un flagelo.

El autoritarismo -la confrontación permanente como método político, el creer que el opositor es enemigo y que el líder mesiánico es el dueño de la verdad- será rechazado gracias a su abuso por el kirchnerismo. Permitir que la inseguridad avance por alentar la impunidad del delito, el caos en las calles, la atenuación de las condenas, la toma de edificios, las manifestaciones violentas, son prácticas nefastas que crean un antídoto contra ese permisivismo y hacen que se reclame a viva voz la seguridad y el orden propio de una república. Aislarnos del mundo, espantar a los inversores, quebrar contratos, expropiar sin respetar garantías constitucionales, poner cepos cambiarios arbitrarios, otorgar subsidios injustificados, congelar tarifas públicas, facilita un discurso nacionalista y demagógico, pero por obra y gracia del kirchnerismo la sociedad aprende que son medidas que conducen a un callejón sin crecimiento, sin infraestructura ni ferrocarriles, sin energía y con desempleo creciente. La destrucción sistemática de las capacidades de gestión y contralor del Estado han sido una constante en la última década; por reacción, los ciudadanos y los dirigentes comprenden que sin un Estado moderno no habrá soluciones a largo plazo para la exclusión social.

Finalmente, un punto vinculado con los valores. Cuando desde el poder se niega el valor del mérito, cuando no se reconoce el deterioro de la educación, cuando la corrupción vence a la honestidad, cuando el narcotráfico no es combatido, el ciudadano de a pie duda porque no tiene conductas ejemplares para seguir; pero tengamos esperanzas que tras diez años de vigencia de estas patologías cívicas la sociedad argentina tendrá memoria y no podrá ser engañada nuevamente. Los escépticos nos recuerdan que la mayoría de los males argentinos son recurrentes y reaparecen de tanto en tanto, como si no fuéramos capaces de aprender de tantas crisis. ¿Por qué será diferente esta vez? ¿Por qué sabremos aprovechar ahora la experiencia de una década de errores que como un eterno retorno nos retrotrae a la inflación, la confrontación, la inseguridad, la exclusión y la corrupción que ya hemos sufrido en carne propia? Quizá por una situación inédita: esta vez las consecuencias las pagará el gobierno que las ha causado y arrastrará consigo al populismo y al autoritarismo. Entonces podremos concluir que el kirchnerismo habrá hecho un aporte impensado e involuntario a favor de una democracia madura a la altura del siglo XXI.

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